Uno de los terrenos preferidos del coche eléctrico es la ciudad. Siempre hay excepciones, por supuesto, pero es donde acostumbra a lograr buenos consumos y donde se mueve con mucha soltura (una vez más, también con excepciones, por supuesto). Es por eso que la electrificación de los coches más urbanitas se ha convertido en una necesidad de mercado, algo que ha entendido perfectamente la firma italiana electrificando su modelo más icónico y coqueto, el Fiat 500.

En esencia, el Fiat 500e es el mismo modelo que el de las versiones de combustión, pero con un diseño ligeramente renovado, más grande, más tecnológico, con más calidad, más dinámico y disponible en tres versiones, Berlina, Cabrio y 3+1. En Electromaps nos hemos puesto a los mandos de la versión Berlina, con acabado Icon y con el motor más potente.

Un diseño coqueto

De vuelta a sus raíces, o “Made in Torino”, como bien indica en ciertas partes del interior, el Fiat 500e llega con un diseño más fresco y rejuvenecido, pero manteniendo los mismos rasgos coquetos de siempre. Prácticamente conserva las dimensiones de su hermano de combustión, aunque ligeramente aumentadas, sobre todo en lo que respecta a la altura por la ubicación de las baterías en el piso. De este modo, el Fiat 500e mide 3.632 mm de largo, 1.683 mm de ancho, 1.527 mm de alto y 2.322 mm de distancia entre ejes.

Si nos centramos en el diseño, éste se basa en su peculiar y ya típica forma redondeada, una silueta que se ha mantenido intacta desde sus orígenes. Si lo miramos de frente, destacan los nuevos faros con esa especie de “ceja” que le aportan un aspecto curioso, aunque personal y original. Además, en esta versión eléctrica, el frontal es más cerrado y cuenta con el logotipo 500 en la parte central. La vista lateral no cambia en nada, solo en los nuevos intermitentes laterales que sobresalen de la carrocería, la insignia cromada de 500e en la parte inferior de la ventana trasera, así como las llantas opcionales de 17 pulgadas.

E igual ocurre con la zaga, donde destaca el alerón en la parte superior (parece heredado del los Abarth 500), el logotipo de 500e en el portón y el paragolpes cerrado. Además, esta unidad estaba rematada por ese color verdeazulado que le sentaba realmente bien y que destacaba hacia un lado u otro según le tocaba la luz.

Interior sencillo y tecnológico

Si miramos hacia dentro, nos encontramos con un interior con un diseño simple pero bien trabajado, y con un aspecto bastante horizontal. Los asientos, por su parte, son cómodos, con un tapizado bicolor y ofrecen una posición de conducción que no es tan alta como en las versiones de combustión, algo que es de agradecer para los que midan unos centímetros de más.

A simple vista, lo que más destaca del interior es la pantalla de 10,25 pulgadas de la consola central, desde donde se controlan todas las funciones del vehículo. Hay que tener presente que este tamaño de pantalla solo está disponible de serie en el acabado Icon. Su resolución es realmente buena, aunque su funcionamiento es algo lento, pero nada que nos llegue a molestar. A pesar de la pantalla, el Fiat 500e sigue manteniendo botones físicos, como los del climatizador, que son de muy fácil tacto y que se ubican justo debajo de la pantalla. Si bajamos más, hacia la parte inferior de la consola central, nos encontramos con algunos mandos físicos más, como el freno de mano eléctrico, el selector de modos de conducción y el volumen del sonido.

El cuadro de instrumentos también es digital, y nos ofrece toda la información relevante en cuanto a la conducción. Además, se puede configurar en diferentes formatos, para adaptarlo al gusto personal. Al margen de la digitalización, el 500e también da importancia al aspecto, con un material que imita a la madera y que lo encontramos en todo el salpicadero.

Respecto a la habitabilidad y tal y como hemos comentado, las plazas delanteras han mejorado respecto a las versiones de combustión, algo que también se traduce en las plazas posteriores, aunque en este caso no hay que esperar ningún milagro ya que, al final, se trata de un Fiat 500 y son plazas donde dos adultos no viajan cómodos, y digo dos ya que es un coche cuya homologación es de cuatro plazas. El maletero mantiene las proporciones de siempre, con 185 litros, una capacidad que puede dar cabida a los cables de recarga y a un par de maletas de cabina.

Respecto a la calidad de los acabados, no destaca en exceso en este apartado pero es la que esperas en un Fiat 500. A pesar de abusar del plástico duro, éste se ve y se nota más sólido que en las versiones de combustión, algo que demuestra un cierto paso adelante. Asimismo, el volante tiene muy buen tacto, con un tamaño y grosor adecuado

Un coche urbano (y algo más)

Desde siempre el Fiat 500 se ha categorizado como un vehículo eminentemente urbano, aunque años atrás seguramente también era el coche familiar de muchas familias italianas, algo similar a lo que ocurrió en España con el Seat 600. Pero, a pesar de esta etiqueta de urbanita, siempre ha querido ir más allá y, de hecho, es uno de los modelos más populares entre las empresas alquiladoras de coches. Esto demuestra que, aun con su reducido tamaño, es un modelo preparado para realizar kilómetros, dentro de la ciudad y fuera de ella.

El Fiat 500e apuesta también por esa filosofía, aunque, dados los registros en cuanto a autonomía, quizá no es tan polivalente como sí lo puede llegar a ser en las versiones de combustión. Está disponible con dos niveles de baterías que, a su vez, se asocian a dos motores con diferentes potencias. En este sentido, la opción de batería pequeña, 23,7 kWh (21,3 kWh útiles), va asociada siempre al motor de 70 kW de potencia, mientras que la batería de mayor tamaño y la que nosotros hemos probado, la de 42 kWh (37,3 kWh útiles), va ligada siempre al motor con la potencia de 87 kW.

Con esta batería de mayor tamaño y en los dos días que tuvimos la unidad de pruebas, logramos un consumo medio de 14,9 kWh / 100 km, un registro que nos llevaría alcanzar una autonomía de aproximadamente unos 260 km, lo que no está nada mal por su tamaño, aunque algo lejos de los 320 km que promete el ciclo WLTP.

Donde mejores registros arroja es en conducción urbana, moviéndose alrededor de los 14 kWh / 100 km, mientras que en vías rápidas podíamos ver consumos entre 18 y 20 kWh /100 km. Con estos datos queda claro que donde mejor partido se le puede sacar es en ciudad, pero sin descartar trayectos o viajes de corto alcance, ya que realizar un viaje largo supondría tener que parar varias veces para recargar, aunque si no hay prisa y hay paciencia, nada es imposible.

En el caso de los trayectos urbanos, nos apoyamos siempre en el modo de conducción Range, que es el modo intermedio pero que permite conducir con un solo pedal, ya que el freno regenerativo actúa prácticamente como un freno normal hasta parar el coche. De hecho, en las bajadas tienes que seguir presionando el acelerador ligeramente (pero el Fiat 500e sigue regenerando) para que el coche esté en movimiento y no frene del todo.

En algún momento llegamos a probar el modo de conducción Sherpa, que es el más extremo en lo que a eficiencia se refiere, ya que actúa limitando el climatizador, el gas y limitando la velocidad máxima a 80 km/h, aunque con la misma regeneración que con el modo Range. Prácticamente no usamos este modo ya que circular sin climatizador con el calor de junio es solo apto para lo más valientes. Para las vías rápidas lo más recomendable es utilizar el modo normal, que es el que menos regeneración proporciona.

Para la recarga en nuestro caso recargamos en el punto de Molins de Rei (Barcelona), que cuenta con cuatro tomas Tipo 2 y se activa mediante la APP y el Llavero RFID de Electromaps, y efectivamente recargó a los 11 kW que especifica el modelo respecto a la recarga en Corriente Alterna. En caso de haber recargado en un punto de recarga rápida con Corriente Continua, lo hubiéramos podido hacer a una velocidad de hasta 85 kW (siempre que el punto los entregara, por supuesto). De hecho la velocidad de la recarga rápida es otra de las diferencias entres las dos baterías, ya que en el caso de la de 23,7 kWh solo admite velocidades de carga de hasta 50 kW.

El motor, por su parte, tiene una respuesta notable y el 0 a 50 km/h puede pasar realmente rápido. Estos 87 kW de potencia y 220 Nm de par que van directos al eje delantero son más que suficientes para el uso del vehículo, y proporcionan total seguridad en cualquier recuperación o aceleración.

Decantarse por la versión de menos o más batería dependerá exclusivamente del bolsillo de cada uno, aunque a mi parecer, los 42 kWh de la unidad probada creo que son los ideales en cuanto a autonomía, para así evitar tener que recargar más a menudo. Además, esa potencia extra también viene bien si, por ejemplo, en nuestro día a día hay algún trayecto por vías rápidas.

Mejor que el de combustión

Gracias a su nueva plataforma, el Fiat 500e se convierte en un modelo más ágil y más adaptado a todo tipo de vías respecto a su hermano de combustión, y eso a pesar de los 1.440 kilos que pesa.

En ciudad es muy fácil de conducir. Es pequeño y ágil, y los cambios de carril son fantásticos, y ya no os cuento el tema de aparcar, sensacional. Sin duda es su territorio predilecto, y más en ciudades como Barcelona donde los carriles se han ido empequeñeciendo a medida que los coches se han agrandando.

Pero donde se nota realmente la mejora es en carretera. Allí saca a relucir su nueva plataforma, así como su mayor anchura. El Fiat 500e es más estable en curvas que la versión de combustión y la suspensión, con un tarado algo firme, ayuda a reducir los balanceos. No obstante, no es para nada incómoda, por lo que engulle bien los baches o badenes.

Lo que menos me gustó fue la dirección ya que su alto grado de asistencia no proporciona ningún feeling al conductor, aunque ayuda en la maniobrabilidad. Los frenos, por su parte, van a tener una larga vida gracias al alto nivel de regeneración, mientras que el tacto del pedal es similar a la mayoría de eléctricos.

Además, este Fiat 500e incorpora también un amplio abanico de ayudas a la conducción, algo que puede hacer subir el precio del vehículo, pero que añade valor y seguridad.

Conclusión

No lo voy a negar, me encantan los pequeños urbanitas eléctricos. Me gustó mucho el Seat Mii electric, también el MINI Cooper SE y el Honda e, y ahora me encanta el Fiat 500e. Me parecen muy acertados en su planteamiento y, además, todos ellos tienen una conducción que combina a la perfección la agilidad con la diversión. Su gran pega es seguramente el precio y el espacio, aunque de esto último ya es el esperado. Todos, excepto el Mii (o el Dacia Spring) se ubican alrededor de los 30.000 euros, una cifra que supone un desembolso demasiado elevado para un vehículo que, en la mayoría de los casos, está destinado a ser un segundo vehículo.

El Fiat 500e propone un diseño conocido, pero coqueto, un interior tecnológico y bien acabado, así como una buena autonomía (en la versión de 42 kWh), buena potencia y una conducción muy interesante. La misma fórmula de siempre, pero mejorada y responsable con el medio ambiente.

Su precio arranca en 25.200 euros para versión Action de batería pequeña, y continúa por los 28.700 euros de la versión Passion que ya equipa la batería grande. Por su parte, la versión Icon de la unidad probada parte de los 30.200 euros. Sí, como hemos dicho antes son precios elevados, pero pueden reducirse con las campañas promocionales de la marca o del concesionario, así como las ayudas públicas, como el MOVES III.

Galería de imágenes