Los fabricantes de automóviles han ido perdiendo identidad con el paso de los años. Las sinergias entre los grandes grupos automovilísticos y sus respectivas marcas han logrado que el coche sea un producto global, pero con muchas similitudes y pocas diferencias. No obstante, hay fabricantes que siguen su propio camino, con sus propias ideas, sin prácticamente la ayuda de nadie, y un buen ejemplo de ello es Mazda

La firma japonesa siempre se ha caracterizado por ser innovadora, por ofrecer elementos únicos y diferenciados, como el motor rotativo, o simplemente por navegar a contracorriente, como el hecho de no apostar por el downsizing en el caso de los motores  de combustión. Y en el caso de la electrificación Mazda también ha decidido ir por su cuenta, con una primera propuesta que ha causado cierta controversia pero que, según el fabricante japonés, tiene su explicación. Sí, en Electromaps hemos probado el Mazda MX-30, el coche eléctrico de los dos mundos.

Un SUV peculiar

De un vistazo, el Mazda MX-30 tiene buena presencia. Siempre he dicho que los gustos son de cada uno y que por lo tanto el diseño es algo completamente subjetivo, pero en este caso se nota en cierta medida que es un Mazda, con líneas y similitudes con otros modelos de la firma japonesa. No obstante, Mazda ha querido diferenciarlo un poco más del resto, otorgándole unas líneas más rectas y sobrias. De hecho, mirándolo de perfil nos ofrece cierta forma cuadrada que sorprende ya que tradicionalmente Mazda se ha caracterizado por diseños más dinámicos. Eso no quiere decir que el MX-30 no lo sea, pero sí que es menos elástico en sus formas.

El frontal queda bastante elevado y podríamos decir que tiene un diseño parecido a un coche de combustión. Los faros, tanto delanteros como traseros, son muy reconocibles como Mazda con un diseño bastante japonés, mientras que los faros diurnos LED quedan en la parte inferior, favoreciendo su presencia en la carretera. La parte trasera del coche también queda elevada, con una caída desde el pilar C bastante pronunciada que termina de manera abrupta a la altura de los faros.

Pero la imagen más original es la lateral. Hemos dicho que tiene una forma muy cuadrada, aunque el techo coge una curva de estilo coupé que proporciona un aspecto algo más deportivo y estilizado. Pero lo más polémico de este lateral son sin duda sus puertas traseras.

En el año 2002 Mazda presentó su deportivo rotativo RX-8 y, aparte de un diseño vanguardista, llegaba con un formato de puertas traseras único. Sí, esas puertas se abrían al revés, de delante hacia atrás, algo que la firma japonesa ha reproducido en este MX-30, dando bastante qué hablar. Esta forma de abrir las puertas traseras es, sin duda, curiosa ya que en este caso tiene más inconvenientes que ventajas. Pero eso lo contaremos un poco más adelante, cuando hablemos del espacio interior.

El Mazda MX-30 es un SUV en toda regla, aunque de tamaño contenido, con una longitud de 4.395 mm, anchura de 1.795 mm y altura de 1.555 mm, para una distancia entre ejes de 2.655 mm. Queda rematado por una carrocería en distintos tonos, como el negro del techo, el gris de la parte superior y el blanco agrisado de todo el resto, así como los bajos de plástico en color negro y las llantas de aleación de 18 pulgadas.

Por último me gustaría destacar la buena iluminación de los faros Smart Full LED Adaptativos que proporcionan una gran visión de noche y que ayudan a circular con mucha más seguridad.

Interior de calidad y sostenible

Una de las cosas que más me han gustado de este Mazda MX-30 es la calidad percibida en su habitáculo. Ya hace tiempo que la firma japonesa está trabajando con un nivel de acabados realmente buenos, prácticamente igualado a las marcas Premium más reconocibles, incluso me atrevería a decir que en algunos casos Mazda está ligeramente por encima.

El MX-30 cumple con esta premisa de calidad, con materiales gomosos y muy agradables al tacto, con poca intrusión de plásticos duros y, lo que es más importante, sin el ya famoso negro piano que se ha apoderado de la mayoría de modelos. Además de esta alta calidad, el modelo nipón también es sostenible en su interior con el uso de materiales como el corcho, tela reciclada o cuero sintético. Y todo esto rematado por unos ajustes muy buenos sin apenas ningún crujido.

Otro punto a favor del Mazda es la disposición de los elementos. La firma lleva años trabajando en este sentido, logrando unos habitáculos muy bien distribuidos, simples y poco cargados, siendo muy agradables a la vista, y el MX-30 no es ninguna excepción. Lo que más resalta es la pantalla central de 8,8 pulgadas, que no es táctil, sino que se controla mediante la rueda y la botonera ubicados en el túnel central, justo detrás de la palanca de cambios. Realmente este sistema es muy cómodo y fácil de utilizar y evita que desvíes en exceso la mirada de la carretera. Otra pantalla interesante es la situada en la parte inferior de la consola central con la que controlas todo lo relacionado con la climatización. Esta pantalla sí que es táctil, pero cuenta con botones físicos a cada lado para no depender al 100% de la pantalla.

La última pantalla del MX-30 es la del cuadro de instrumentos desde donde podremos atender a toda la información relacionada con la conducción. Esta pantalla viene acompañada de esferas digitales a cada lado y un sensacional Head Up Display de muy buena resolución, tanto de día como de noche. De hecho, todas las pantallas ofrecen un buen nivel de resolución, así como un manejo fácil e intuitivo.

Pero, como venimos diciendo, el MX-30 es un coche de dos mundos, y todo lo bueno que tienen una mitad del habitáculo, lo tiene de malo la otra. En efecto, el espacio delante es sublime, da gusto ir sentado en él, pero las plazas traseras son otro cantar por un par de motivos importantes. Primero de todo por el espacio; para mi (1,80 m) y con el asiento del conductor regulado a mi posición de conducción, el espacio que me queda es demasiado justo y no te sientes a gusto. Y segundo, por las ya mencionadas puertas.

Sí, son muy originales y bonitas a la vista, pero tienen demasiadas pegas. Lo única justificación positiva es para colocar un niño en su sillita, ya que este tipo de apertura facilita mucho la vida en este aspecto. Pero para el resto de situaciones, todo son inconvenientes. Para entrar dentro ya se hace cuesta arriba. Si eres pequeñito aún podrás acceder sin mover el asiento delantero, pero si eres algo más crecidito tendrás que moverlo sí o sí, lo que supone que para salir también habrá que moverlo, obligando al conductor o acompañante a que se desabrochen el cinturón y se bajen del vehículo. Además, la sensación dentro de esas plazas traseras es algo agobiante y no apta para claustrofóbicos ya que la doble ventana es muy pequeña y no aporta mucha luz al interior y tampoco sensación de espacio. Quizá un techo panorámico podría llegar a solucionar este inconveniente, aunque el problema principal, el del acceso, seguiría persistiendo.

Otro aspecto negativo que forma parte de esa mitad es el maletero. Uno se espera que en un vehículo de este tamaño ofrezca un volumen adecuado, pero no es el caso. Son 366 litros contando el espacio inferior cuando no hay el equipo de Sonido Bose, algo que sí que llevaba nuestra unidad y que, por lo tanto, restaba capacidad al maletero, aunque el sonido con este equipo es realmente bueno. Sí que es cierto que la boca de carga es generosa y que el espacio es muy aprovechable, pero se echa en falta algo más de espacio.

Por todo lo demás, el Mazda MX-30 es excelente, no solo por la calidad y la disposición, sino también por el amplio abanico de equipamiento como los asientos regulables eléctricamente y calefactados, el volante calefactado, toda la conectividad compatible con Android Auto y Apple Car Play, tomas USB, toma de corriente de 150W, etc.

Potencia dosificada para una autonomía urbana

Uno de los aspectos que más controversia ha generado el Mazda MX-30 es su autonomía. Hablamos de una batería con una capacidad de 35,5 kWh, aunque usables son solo 30 kWh. Según la firma japonesa y según un estudio realizado por ellos mismos, se llegó a la conclusión que esta era la batería perfecta para el tipo de coche eléctrico que es el MX-30, porque no olvidemos que Mazda lo define como un vehículo eminentemente urbano.

Según WLTP con esta batería debería de llegar hasta los 200 km en una circulación combinada, aunque lo cierto es que se queda un poco por debajo de esa cifra. En nuestra semana de prueba obtuvimos una media de consumo de 17 kWh / 100 km, lo que nos lleva a recorrer unos 170 km con una sola carga. Hay que tener en cuenta que, dadas las restricciones perimetrales que se aplicaban en Catalunya en el momento de la prueba, nuestros recorridos fueron prácticamente urbanos en su totalidad, solo accediendo puntualmente en las Rondas de Barcelona para poder rodar a velocidades de 80 o 90 km/h, así como un pequeño recorrido por las carreteras de Collserola. Seguramente, si hubiéramos utilizado autovías o autopistas con velocidades de más de 100 km/h, la media hubiera ascendido, y estaríamos hablando de muy probablemente una autonomía que no superaría los 150 km.

En este sentido, Mazda tiene razón, ya que la autonomía es suficiente en recorridos urbanos, recayendo el problema en el momento que queremos, por ejemplo, realizar una escapada de fin de semana, lo que nos lleva a entender el MX-30 como un segundo vehículo para moverse exclusivamente por la ciudad, o bien un único coche para alguien que no utilice el vehículo particular para sus desplazamientos de fin de semana o vacaciones. Lo que sí que hay que decir es que si solo nos movemos por la ciudad, la autonomía puede superar los 200 km.

Para ello necesitaremos apoyarnos siempre en el freno regenerativo, el cual cuenta con dos niveles, más la posición D que se activa por defecto. Además, hay dos niveles más que sirven para regular la circulación en modo vela y reducir así el consumo. Todos estos niveles se regulan mediante las levas ubicadas detrás del volante. Lo que sí que hay que tener claro es que, en el nivel máximo de regeneración, el coche no actúa con un solo pedal, siempre hay que pisar el freno para frenar del todo.

A modo de resumen, el Mazda MX-30 es un coche eléctrico poco eficiente en comparación con por ejemplo un Hyundai Kona EV o un Kia e-Niro, un aspecto que Mazda podría mejorar para poder estirar un poco más la autonomía y así ofrecer más posibilidades de circulación.

Otro aspecto que denota su claro compromiso urbano es la potencia. En cifras, cuenta con 107 kW de potencia para un par de 271 Nm, algo que le permite moverse con gran soltura pero sin ningún tipo de contundencia. De hecho, acelerando a fondo la progresión es muy elástica y controlada y todavía se va amansando más a medida que aumenta la velocidad. No obstante, se mueve muy bien, y en ningún momento se echa en falta más potencia, más teniendo en cuenta el uso del vehículo.

Lo que sí que resulta curioso es que no dispone de ningún modo de conducción. Una vez más, Mazda ha considerado que no hacía falta y que el modo estándar que han desarrollado es el idóneo para los recorridos. Lo que también sorprende es que con el climatizador activado, apenas resta 3 o 4 km de autonomía, cifra interesante ya que en la mayoría de modelos disminuye más.

También es curioso el gran hueco que hay en la zona del motor y que vemos cuando levantamos el capó. Esto tiene una explicación, ya que servirá para albergar un motor de combustión en un futuro.

Respecto a la recarga, tampoco es su punto fuerte que digamos. En tomas rápidas de 50 kW recarga a un máximo de 37 kW, cifra que empieza a disminuir cuando la batería se encuentra más o menos entre el 55-60% de su capacidad. En Tipo 2 en Alterna recarga a un máximo de 6,6 kW, siendo monofásica. Todas las recargas, excepto una que efectuamos en el Lidl Jardins de Màlaga, las activamos con el llavero RFID de Electromaps.

Buena dinámica de conducción

A grandes rasgos, conducir un Mazda es siempre un gran placer. Todos los modelos de la firma nipona tienen un gran tacto en todos los elementos de conducción ya que su filosofía siempre va enfocada al conductor y a hacer que éste sea el protagonista. El Mazda MX-30 cumple a la perfección en este aspecto, y es realmente agradable conducirlo.

Esa conducción propia de Mazda se nota, sobretodo, en la dirección. Para empezar contamos con un volante redondo que, a mi parecer, es mucho mejor que los achatados que se están poniendo de moda. Además, su tacto es realmente bueno, gomoso y con el grosor adecuado. En marcha, se nota que es una dirección asistida pero con el paso de los kilómetros te vas haciendo con ella y se nota precisa y bastante directa, aunque con poca información sobre de lo que ocurre en las ruedas delanteras.

Otro tacto interesante es el de los pedales. Son muy parecidos a los de un vehículo de combustión, por lo que no hay ningún tipo de respuesta extraña, lo que pisas es lo que actúa el coche, tanto en el freno como en el acelerador.

Conducirlo en ciudad, que es su hábitat por naturaleza, es muy cómodo, aunque quizá tanto el tamaño como su condición de SUV no es lo más adecuado para un vehículo enfocado para desplazamientos urbanos. En Rondas de Circunvalación, como las de Barcelona, también se siente en su territorio, y seguramente también lo haría en autovías o autopistas, ya que su calidad de rodadura es excelente, sin apenas ruidos, más allá del que emite el propio coche a través de los altavoces cuando aceleremos.

También pudimos probarlo en una carretera de curvas y, pese a no ser tampoco su terreno habitual, se defiende bastante bien. Y en parte eso es gracias al tarado de las suspensiones, las cuales son la viva imagen de la neutralidad, absorbiendo todas las irregularidades, badenes, etc con suma facilidad y teniendo cierto punto de firmeza para evitar balanceos pronunciados en los cambios de dirección. De hecho, sorprende por su agilidad a pesar de sus 1.645 kilos de peso. Sí que es cierto que si lo fuerzas más de la cuenta tiende a subvirar, pero en general es un coche que casi nunca pierde tracción gracias a esa potencia tan elástica que hemos comentado antes.

Y no pueden faltar las ayudas a la conducción. El MX-30 aporta una larga lista como el control de crucero adaptativo que funciona bastante bien, detector de fatiga, aviso de ángulo muerto, sistema de frenada de emergencia con reconocimiento de peatones, etc.

Conclusión

El Mazda MX-30 es como el Yin y el Yang, tiene cosas muy buenas como la calidad de los acabados, la disposición de los elementos o la conducción, pero tiene otras que no lo son, como las puertas traseras, el espacio trasero o la eficiencia. Pero hay que entenderlo como lo que es y porqué lo ha fabricado así Mazda, por lo menos en términos de autonomía. 

Por poco más de 30.000 euros puedes llevarte a casa un coche interesante. Sí, con sus virtudes y defectos, pero estamos seguros que en el futuro Mazda seguirá evolucionando y nos sorprenderá con otros modelos que mejoraran y solucionarán lo que es este MX-30.

Si queréis más información sobre este Mazda MX-30 u otros modelos, no dudes en visitar y participar en el foro de Electromaps.

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