Seguramente habéis leído multitud de comparativas sobre qué contamina más, si un vehículo eléctrico o uno de combustión. La respuesta a esa comparativa es obvia, pero en muchos casos se ha intentado dar la vuelta omitiendo información e intentando crear una falsa realidad sobre el vehículo eléctrico, algo que puede crear confusión si no se contrasta con otras fuentes de información. Por norma general, esas informaciones contrarias al vehículo eléctrico acostumbran a llegar por canales de dudosa reputación, aunque terminan teniendo bastante repercusión.

Lo que más argumentan estos defensores acérrimos del vehículo de combustión en relación a la supuesta igual o más contaminación de los vehículos eléctricos es sobre el origen de la energía y el proceso de extracción y producción de las baterías y los materiales que la conforman.

Así pues ¿Qué contamina más, un vehículo eléctrico o uno de combustión? En las siguientes líneas lo intentaremos resolver.

¿De donde proviene la fuente de energía de un vehículo de combustión?

En los vehículos de combustión el petróleo se extrae de varios centenares de metros bajo tierra. Para extraerlo se usa las llamadas “Bombas de varilla” que, para funcionar, en general usan electricidad. El consumo medio de cada una de esas bombas en Estados Unidos es de casi 10.000 kWh al mes, así que imaginad la de kilómetros que podrías recorrer con vuestro vehículo eléctrico con esa cantidad de electricidad. Y eso es solo una bomba, así que multiplicarlo por la de millones de bombas que hay repartidas a lo largo de todo el mundo.

Pero hasta ahí solo hemos hablado de extracción en tierra, ya que el caso de la extracción en aguas profundas es diferente. Estas plantas marinas se alimentan, por norma general, con generadores diésel que pueden usar nada menos que hasta 30 toneladas de diésel por día por plataforma. Multiplicar esto por las casi 1.500 plantas que hay repartidas en todo el mundo. Además, también hay que sumar las pérdidas de petróleo que se producen en el mar, creando efectos adversos para la biodiversidad marina. 

Una vez extraído el petróleo, hay que transportarlo mediante oleoductos. En todo el mundo hay una red de más de 500.000 km de oleoductos y se mueven mediante estaciones de bombeo que utilizan más electricidad para su funcionamiento. A todo esto, hay que sumar el transporte marítimo, que, como ya podéis imaginar, es el transporte más contaminante del planeta ya que al no tener ningún tipo de control de emisiones utiliza el combustible más sucio y barato, generando así una gran cantidad de CO2.

Una vez transportado el petróleo, éste llega a las refinerías, donde el crudo se refina y para ello también necesita una gran cantidad de energía para su funcionamiento. De hecho, estas refinerías suponen el principal problema de contaminación en muchas ciudades, lo que, a su vez, aumenta la posibilidad de tener graves problemas de salud.

Una vez el crudo ha sido refinado, se transporta a las estaciones de servicio mediante camiones diésel (más contaminación) y una vez allí ya conocéis la historia, los vehículos compran combustible y lo queman, generando así las emisiones en circulación.

¿De donde proviene la electricidad de los vehículos eléctricos?

La electricidad no necesita ni plantas de extracción, ni oleoductos, ni barcos, ni mucho menos refinerías, solo una planta donde producir esa energía



Lo ideal es que toda la energía fuera de fuentes limpias, pero, aunque provenga de fuentes sucias como la quema de carbón, solo necesita líneas eléctricas para llegar hasta los puntos de recarga de vehículos eléctricos, ahorrando así los innumerables pasos contaminantes del petróleo. Y, en caso de que la energía provenga de fuentes limpias, como la solar o la eólica, su generación no tendría impacto sobre el medio ambiente.

En Europa actualmente el 56% de la energía proviene de fuentes limpias, un dato que seguirá aumentando en los próximos años a medida que se vayan sustituyendo las tradicionales plantas de carbón.

En resumidas cuentas, el origen de la energía es extremadamente más limpio en el caso de los vehículos eléctricos, ya que obvia una gran cantidad de pasos que dañan seriamente la calidad del aire que respiramos

¿Y qué pasa con el litio y las baterías?   

Uno de los focos más importantes en cuanto a cuestionar el ecologismo del vehículo eléctrico son sus baterías, ya sea por la extracción del litio o por la producción de las propias baterías.

El litio se extrae en los desiertos de Australia, China, Argentina y Chile, siendo Australia el país con más extracción a nivel mundial con el 50%. La curiosidad del dato es que en Australia solo se refina el 1% del petróleo mundial, pero, según datos australianos, causa más contaminación ese 1% que el 50% de extracción del litio, y eso sin contar la obtención del petróleo, su transporte o su quema en los vehículos de combustible, por lo que es categóricamente falso atribuir una contaminación igual o superior a la extracción del litio respecto a la extracción del petróleo.

Otro dato interesante es que las baterías cuando finalizan su vida útil en un vehículo eléctrico pueden reutilizarse como almacenamiento de energía para una casa o negocio, y, una vez finalizan esa reutilización se pueden reciclar descomponiendo los materiales valiosos y reutilizarlos a su vez para la producción de nuevos vehículos eléctricos.

Entonces ¿Quién contamina más?

Creo que no queda ninguna duda de quién contamina más. Solo el proceso de obtención, transporte y tratamiento del petróleo deja en evidencia a aquellos que todavía tratan de desprestigiar al vehículo eléctrico como vehículo ecológico.

En lo que sí que hay que trabajar es en generar mucha más energía limpia y en apoyar de manera clara y sin titubeos la implementación del vehículo eléctrico. Sabemos que hay muchas dudas, sobre todo referentes a la recarga, pero para solucionarlas deberíamos remar en la misma dirección y ofrecer más facilidades.